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De negro a morado

Por: María Fernanda Valeiras Muradás


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Ser mujer en México es estar dentro de una pileta de colores, todas estamos ahí. No obstante, no todas nos encontramos dentro de la misma pileta, estamos en diferentes piletas pero si algo he aprendido de unos años atrás hasta el día de hoy es que si nos encontramos dentro de los mismos colores. Hay veces que estamos dentro de los colores vivos, y, a veces, dejamos de estar en los colores vivos para irnos a los grises o en algunas situaciones al negro. Algo que hemos desarrollado las mujeres mexicanas es una gran capacidad de resiliencia, aunque a menudo, por diversas circunstancias estemos en un tono obscuro tenemos el poder propio de dirigirnos a un tono más claro.

Ser mujer en México e ir caminando por la calle, ya sea al trabajo, a la universidad o con tu mascota da miedo. Nos transportamos a un color gris claro, sabemos que podemos recibir palabras que no se las lleva el viento, insultos que nos siguen en el constante abrir y cerrar de ojos que es la vida. Incluso estamos conscientes de que alguien nos puede tocar, haciendo que ese contacto lo sintamos por la noche o en otros contactos consensuados. Nos pueden perseguir, causando que siempre nos sintamos perseguidas por miradas o por prejuicios, persiguen nuestras acciones y nuestros pensamientos. Hago la alusión de un gris claro debido a que aunque nos transportemos a algo obscuro, aunque estemos experimentando miedo hay una gota de claro, ya que si hay alguna mujer por la calle o si estamos hablando por celular con nuestra mamá o una amiga sabemos que cualquier situación que ocurra nos van a entender y si está dentro de las posibilidades nos van a ayudar o aunque sea acompañar a lo lejos con un sentido de empatía. Ese sentido de empatía lo hemos desarrollado con el tiempo ya que todas sabemos que nos encontramos en una constante lucha, en una resistencia que cansa, pero en lo personal cansa más no resistir.

Ser mujer en México y entrar al mercado laboral o incluso en la misma escuela es una constante lucha para ser tomadas en cuenta de la misma manera que los hombres. Les recuerdo que si podemos hacer los mismos proyectos, si podemos realizar el mismo trabajo y sobretodo si debemos de ganar lo mismo que un hombre gana cuando hace el mismo trabajo que nosotras. La brecha salarial nos conduce a un gris muy obscuro, no obstante, nos volvemos en verde para seguir luchando, para seguir trabajando y para seguir sobreviviendo. Por que si, acepten que ser mujer en un país donde hay diez feminicidios al día es sobrevivir. Si, aún preferimos seguir sobreviviendo.

Ser mujer en México es vivir sabiendo que experimentamos una mayor posibilidad de ser violentadas sexualmente que muchas otras cosas que si entran dentro de la normalidad de eventos que una persona puede experimentar a lo largo de su vida. Todas las mujeres o niñas que lo han experimentado son unas sobrevivientes y aunque hayan estado en los tonos obscuros han logrado estar en los claros por el simple hecho de continuar. Todas debemos de resistir y de continuar, nuestro silencio ya no se debe de regalar, nuestro continuo paso debe de seguir siempre. Del mismo modo, las agresiones nos van a seguir porque no hay semana que pase como mujer mexicana de veintidós años en la que reciba cualquier tipo de violencia de género. Estas violencias son miradas, comentarios o desigualdades y me vuelvo gris pero desde el 8 de marzo el color morado siempre es el que gana dentro de mi resistencia.

Quiero acabar esta carta con una dedicatoria hacia todas las víctimas de feminicidios, hacia las amigas, hermanas y madres. Cada vez que en este México negro asesinan a una mujer por el hermoso y terrorífico hecho que es ser una nos quitan claridad a todas. Esa claridad se va con las que ya no están con nosotras, con las que ya no pueden resistir en esta dura y preciosa lucha, las que ya no pueden resistir porque les robaron su pileta de colores, la vida. Y si, les apagan los ojos a nuestras amigas, madres y hermanas pero cada vez somos más las que los abrimos. Buscamos un cambio desde los cimientos, resistimos a la desigualdad y violencia de género, resistimos a la continúa sexualización de nuestros cuerpos. Resistimos para sobrevivir, luchar y reír, resistimos para ser todas moradas.





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