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Cuerpos femeninos como producto de consumo

OnlyFans: un ejemplo contundente del control de los cuerpos


Karla-Ramírez Cruz


Actualmente nos encontramos viviendo un momento histórico; una pandemia a nivel mundial que ha hecho que muchas personas observen y vivan su realidad de manera totalmente distinta a como era antes de este suceso; a muchos ha hecho reflexionar sobre problemas sociales y políticos que ahora se manifiestan de forma más clara y fuerte; tal como sucede con las deficiencias en los sistemas de salud en distintos países, o los problemas económicos a gran y pequeña escala donde observamos el quiebre de empresas y la pérdida de empleos, por otro lado, el comercio informal que representa el único ingreso para miles de personas en la Ciudad de México y a lo largo del país se ha visto afectado por las medidas de prevención contra el Covid-19, entre otras situaciones de las que día a día se va teniendo conocimiento.

Palabras clave: biopolítica, liberalismo, capitalismo, cuerpos útiles, redes sociales.


En este sentido, es el rubro económico el principal punto a abordar al hablar de plataformas digitales y redes sociales como OnlyFans, surgida en 2016 en Londres. Su funcionamiento a grandes rasgos se basa en que las personas se inscriben en la página para ofrecer su “contenido” o para consumirlo por medio de un pago, cuyo monto dependerá de lo que establezca cada usuario. Así tenemos que, de acuerdo con la información que brinda internet respecto a este sitio, se pueden encontrar distintos tipos de entretenimiento como recetas de cocina, deportes o planes nutricionales, por poner algunos ejemplos, pero lo que en los últimos meses ha hecho a diversos medios informativos fijar su atención en esta red social es que por medio de ella cada día más personas venden y/o compran contenido sexual.

Dentro del contexto de la pandemia el número de usuarios de OnlyFans aumentó considerablemente, algunos de esos casos fueron personalidades del mundo del espectáculo o los deportes, aunque, por otro lado, están muchas jóvenes que, con el fin de ganar dinero fácilmente o de forma divertida comienzan a crear sus perfiles aquí para vender fotos “sexys” de ellas mismas, a veces incluso con amigas; otras también venden videos de contenido sexual. Y si bien, estas prácticas no son nuevas, sí es posible observar un aumento de ellas gracias al sitio al que nos hemos referido, o quizá más allá de un simple aumento una cierta normalización de estas; un ejemplo de ello podría ser un chiste recurrente en redes sociales: “ya voy a abrir el OnlyFans porque la carrera no deja”.


Es importante aclarar que lo expresado aquí no es una crítica hacía las mujeres que hayan decidido utilizar esta u otras plataformas donde se vende contenido sexual como fuente de ingresos, no surge desde lo moral o ciertos juicios de valor que terminarían por descalificar a estas mujeres, es más bien una invitación reflexionar al respecto y todo lo que conlleva, porque podría parecer una cosa simple, sin consecuencias y en la que no influyen otras cosas más que la voluntad de quien lo hace, pero no lo es.

Como se menciona anteriormente, el aspecto económico es fundamental para comprender, en parte, el importante incremento de perfiles femeninos que ofrecen su contenido en plataformas digitales: la pandemia que vivimos ha disminuido o cortado por completo los ingresos de muchas personas, hace aún más peligroso el salir a las calles, las ofertas laborales disminuyeron considerablemente, y no menos importante es el hecho de que con el “home office” muchas personas tienen más tiempo libre o menos restricciones para dedicarse a buscar entretenimiento vía internet; estos, entre muchos otros factores favorecen a la creación y consumo de contenido digital.


Nada de lo versado en estas líneas es nuevo, pero muchas veces parece olvidado, cosas que pueden ser tan obvias salen de nuestra vista y comienzan a resultar tan normales en el día a día que dejamos de cuestionarlas.

Desde hace años el cuerpo de la mujer resultó algo rentable, en imagen y también como objeto sexual, desde hace bastante tiempo se consigue en internet este contenido de manera “legal”, desde hace años se comenzó a comercializar con distintos tipos de cuerpo utilizando la aceptación de estos como algo positivo para comenzar a servir a los intereses del poder (intereses económicos principalmente) pero ahora, aparentemente ya no existen intermediarios para monetizar nuestros cuerpos; por medio de las redes sociales somos nosotras quienes podemos vender nuestro contenido.

Tampoco es nuevo saber que estamos controladas y sirviendo al sistema por todos lados, de repente parece hasta imposible encontrar alternativas o formas de comenzar a construir un mundo distinto, pero en ejemplos tan concretos como el que aquí se trata es donde encontramos un triunfo irrefutable de los mecanismos de producción y control de cuerpos productivos. Entonces ¿qué es lo que está pasando en la sociedad para llegar a esto? ¿qué nos falta discutir, cuestionar, comenzar a cambiar para dejar de arrojarnos tan voluntaria y tranquilamente a esa fosa común a donde van nuestros cuerpos cuando dejan de “servir”?


En 1979, Michel Foucault dictaba una serie de clases en las que explica que es lo que llamó biopolítica, “es decir, la creciente implicación de la vida natural del hombre en los mecanismos y los cálculos del poder” (Agamben, 2006), para lo cual será necesario que surja una forma “liberal” de gobernar, que comenzó a darse en el siglo XVIII, posteriormente se fue desarrollando y fortaleciendo con otro fenómeno social de suma importancia para su época al igual que la nuestra: el surgimiento y auge del sistema de producción capitalista.

Este liberalismo, como su nombre lo menciona, necesita libertad, consume la libertad de los individuos, libertad de la cual será el productor y vigilante, así que en realidad más que ser una verdadera libertad para los seres humanos únicamente resultará una especie de “permiso” que brindan los Estados a quienes forman parte de ellos y que estará en gran medida dictado por las leyes y asegurado por instituciones como las escuelas o los hospitales. Así, el Estado, o el poder, comienza a generar individuos, cuerpos, que con esta ilusión de poseer libertad le son útiles, productivos, y están controlados por él, obedecen a sus intereses y de no ser así se busca la forma de eliminarlos, silenciarlos o simplemente se les ignora.

Si bien esta idea surgió en el siglo pasado sigue siendo totalmente vigente en pleno 2021, obviamente con sus matices y cambios, pero siempre encontrando más y más formas de insertarse dentro de nosotros (as) hasta los huesos y es con base en estos planteamientos que surgen las inquietudes que llevaron a la realización de este escrito.


Ahora bien, tenemos libertad, somos libres de decidir sobre nuestros cuerpos, qué hacer con ellos o que no, cómo usarlos para generar ingresos que aseguren nuestra manutención, pero ¿por qué estamos tan conformes con la idea de que las cosas son así y así deben de ser? ¿por qué estamos tan dispuestas a producir ganancias, que más que para nosotras enriquecerán a terceros, en el caso de plataformas como OnlyFans a sus dueños y colaboradores? ¿por qué estamos dispuestas a entregar todo de nosotras, nuestra intimidad, la totalidad de nuestro cuerpo, para ganar dinero para convertirnos en un objeto de consumo para el entretenimiento de cualquier persona con acceso a estos medios?


Quizá suena muy idealista, o bobo plantear estas preguntas buscando sean respondidas, pero es importante nunca dejar de soñar, de creer que en un futuro podremos vivir en un mundo mejor, aunque en el presente todo luzca gris, o que nosotras no lleguemos a vivir en él pero que las mujeres que vengan después de nosotras sí, no olvidar que es por ellas y también por quienes estuvieron antes tratando de luchar por cambiar las cosas, incluso aunque parezca pequeño lo que hacemos.


Literatura citada:

Agamben, G., 2006. Homo Sacer. España: Pre-textos.

Foucault, M., 2008. Nacimiento De La Biopolítica. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica.




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